Mariela vive hoy en la Península de Punta del Este. El encuentro, sin embargo, se dio en PUERTAS ADENTRO, su estudio en el barrio Pueblo Mío, Manantiales, un miércoles a las 13 horas. PUERTAS PUERTAS es, a la vez, residencia artística, espacio de trabajo y lugar de mentoría: por ahí han pasado -entre otros- una artista de Nueva York, una brasileña, una argentina que vuelve con frecuencia. «Es un lugar bastante híbrido, mío y de todos los otros que quieran ocupar», cuenta Soldano.
Hace trece años cambió Buenos Aires por una Punta del Este que, según recuerda, «estaba muerta»: semáforos apagados en temporada baja, edificios a medio ocupar, yuyos rodando por la ruta. En ese vacío encontró justo lo que estaba buscando: terreno fértil.
La nena daltónica
Su relación con el arte, dice, la entendió tarde. De chica se la pasaba usando colores que no eran los que correspondían — el cielo violeta, el pasto naranja — y una maestra de segundo grado llegó a preguntarle a su madre si no sería daltónica. Su madre la defendió y dejó pasar el comentario. Años después, en el recreo de sexto, otra maestra la miró con esa cara de estar siempre un poco afuera y le dijo: «No te preocupes, vos sos el patito feo…» En el momento no entendió nada y casi se pone a llorar. Recién veinte años más tarde le encontró el sentido: no había nada que arreglar, simplemente estaba en otra laguna.
Esa distancia, dice, es la que define a un artista más que cualquier título. No estudió Bellas Artes —le parecía, admite, «recontra clasista«— sino Comunicación, con orientación en Relaciones Públicas, y después Diseño, ambas carreras en Buenos Aires. Diseñó muebles, barcos, casas, oficinas, hasta que un día se dio cuenta de que en realidad estaba construyendo las cosas que quería construir como artista. Ese oficio no se perdió: hoy, cuando encara una instalación de sitio específico en la sala de un museo, dice moverse «como pez en el agua».
La decisión de dedicarse al arte de manera exclusiva llegó recién instalada en Uruguay, a fines de 2013. Antes hubo talleres —Casa Berro, José María Pelayo, Gustavo Tabares, Federico Arnaud—, cursos online de historia del arte y curaduría, y una etapa como tallerista en Taller Malvín. Con los años sumó una Maestría en Diseño de Experiencias Culturales (Universidad de Valencia) y hoy cursa el Máster de PhotoEspaña. «Para mí ser artista no es tener el título habilitante», resume. «Primero tiene que haber, de fábrica, en la carne, en los huesos, algo. Y eso en mí estuvo siempre.»
La mudanza no respondió a un romance con Punta del Este, aclara entre risas: fue, más bien, un cálculo frente al temor creciente que empezó a sentir en Buenos Aires en esos años. La ciudad, admite, no tiene «la vibra de Buenos Aires» ni la escena cultural de Montevideo. Lo que sí tenía, en 2013, era espacio para intervenir. «Acá uno puede dejar una pequeña huella. Tus actos hacen más efecto en la gente que te rodea que en una gran ciudad.» Lo comprobó, cuenta con humor, el día que un desconocido la reconoció al salir del dentista: «¡Usted es la artista!»
El arte como parte de la casa, no como ornamento
Ese cruce entre arte y espacio habitado —el que hoy trabaja desde PUERTAS ADENTRO— es también el eje de su mirada sobre las propiedades de la zona. Para Soldano hay una diferencia de fondo entre una casa con arte y una casa sin él, y no es estética sino emocional.
«Una casa con arte tiene más emociones vivientes. Entrás y ves la obra, pero también el trazo, el enojo, la pregunta del artista. Eso activa algo distinto a lo que activa un adorno, por más bello que sea.»
La distinción, insiste, no pasa por lo decorativo. Le interesa lo que antecede al objeto: la reflexión del artista, la sensibilidad, la emoción. Por eso no se define como una artista comercial —hay colegas que venden más porque producen para ese mercado— y por eso, cuando trabajó asesorando la elección de obras para casas privadas —una tarea que retomaría si se lo propusieran—, el punto de partida nunca fue el color del sillón. «Yo te traigo una obra porque sé que te gusta el campo, y conozco un artista que hizo un proyecto sobre mujeres de campo. Esa conjunción es la que le da personalidad a la casa.» Ese criterio lo aplicó, entre otros casos, con una coleccionista cuya sensibilidad personal terminó definiendo la elección de la obra antes que cualquier criterio decorativo.
El mismo razonamiento se extiende al paisajismo, un área que reconoce no dominar pero sobre la que tiene una postura firme: rechaza el paisaje «de moda», intercambiable entre una casa y la de al lado. Prefiere los jardines con intención personal —desde los naranjos que «no son fáciles» hasta la piedra y los cactus de una estética mexicana— antes que la repetición de fórmulas. «Hay tantas maneras de copiar y de ser igual al de al lado. Lo bello es no serlo.»
Lo que distingue a una casa «linda» de una casa con personalidad
Ahí traza la línea que atraviesa toda la conversación: la palabra «linda» no le sirve. Trabajó como diseñadora de interiores y dejó de hacerlo, explica, cuando notó que ese oficio podía cerrarse en la búsqueda de lo agradable sin preguntarse nada más. «Hay que tener cuidado cuando la casa termina siendo linda, nada más. Las casas con personalidad son otra cosa.» El riesgo, sostiene, es que una vivienda termine funcionando como local de decoración —resuelta, prolija, sin fricción— en lugar de reflejar a quien la habita.
Es la misma lógica que aplicó a su propia trayectoria, sin distinguir demasiado entre etapas: el diseño de interiores, la gestión cultural, la curaduría, incluso las relaciones públicas que estudió al principio. «Todo eso está adentro. Lo que hago hoy cuando presento un libro es lo que aprendí en comunicación.» PUERTAS ADENTRO —su casa, su residencia, su taller abierto— es, en ese sentido, la síntesis de tres décadas de formación cruzada, y el lugar desde donde hoy dirige también el Colectivo Esponja, junto a artistas de Brasil, México, Portugal y España, y Facetadas, su proyecto sobre las múltiples identidades de las mujeres del arte.
Para Soldano, ser artista es sobre todo ser cuestionadora: no aceptar las respuestas obvias, sostener la pregunta más tiempo del que suele tolerarse. Esa misma incomodidad con lo resuelto es la que atraviesa toda la charla — en el arte, en las casas, en los jardines. Gracias, Mariela, por abrirnos las puertas de tu atelier y compartir tu mirada con la comunidad de Modo Punta.
Quienes quieran seguir su obra pueden hacerlo en Instagram, en @marielasoldano. Para conectar con otros artistas, sumarse a una residencia o consultar por servicios de curaduría y gestión cultural, la vía es Puertas Adentro: @puertas.adentro.arte.
Y si sos artista local y querés compartir tu trabajo con la comunidad de Modo Punta, escribinos a info@modopunta.com — nos encanta conocer a quienes hacen de Punta del Este un lugar con más capas.
Conocé más del trabajo de Mariela en su web oficial.
Fotografías de atelier: VuelaVuela.tv.
Galería de obra: cortesía de la artista.









