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28 de enero de 2026Golf en La Barra: clases y formación con Máximo Röhrdanz
Golf, aprendizaje y disfrute: una charla con Máximo Röhrdanz en La Barra
Desde el La Barra Golf Club, el profesor y jugador profesional reflexiona sobre el vínculo con el deporte, la enseñanza y los valores que el golf transmite a todas las edades.
Con el campo de golf desplegándose a pocos metros, la conversación con Máximo Röhrdanz transcurre en una de las mesas del restaurante del La Barra Golf Club. El entorno acompaña: verde abierto, silencio interrumpido apenas por el golpe seco de una pelota a lo lejos. En ese clima calmo y cercano, el profesor y jugador profesional repasa su historia personal con el golf y explica por qué, después de décadas de práctica y enseñanza, sigue siendo un deporte que atrapa.
Röhrdanz es instructor y jugador. Cuando el calendario se lo permite, compite; el resto del tiempo lo dedica a dar clases en distintos clubes de la zona, entre ellos La Barra, Cantegril, Fasano Las Piedras. Su enfoque, aclara desde el inicio, está puesto en enseñar y acompañar procesos, más que en replicar modelos rígidos.
—¿Quién sos y a qué te dedicás hoy?
—Soy Máximo Röhrdanz, profesor de golf e instructor profesional. También soy jugador: cuando hay torneos y tengo tiempo, compito. Pero mi fuerte, sin duda, es la enseñanza.
Su vínculo con el golf comenzó temprano y de manera familiar. Creció en Montevideo, muy cerca del Club de Golf de Punta Carretas, donde su padre, su madre y su hermana también jugaban. Ese contacto cotidiano marcó el inicio de un recorrido que, con el tiempo, se volvió competitivo.
—¿Cómo empezó tu relación con el golf?
—Arrancó de chico, porque en casa todos jugaban. Empecé casi como un juego, con un palo que me compraron para darme el gusto. Después le dijeron a mi padre que tenía facilidad y ahí empecé a competir. A los 13 años ya jugaba en Primera, viajé a torneos en Argentina, Brasil y Sudamérica.
Aunque practicó otros deportes —desde paleta hasta buceo—, el golf terminó ocupando un lugar central. No solo por el juego en sí, sino por lo que genera a largo plazo.
—¿Qué sentís que le aporta el golf a la vida de una persona?
—Es un deporte que te atrapa. Aunque no seas bueno, cuando le pegás bien una o dos veces, algo pasa. Es adictivo, en el buen sentido. Tengo alumnos de hace 30 años y muy pocos dejan. Podés seguir jugando toda la vida.
Esa continuidad es clave en su manera de enseñar. Röhrdanz trabaja especialmente con adultos y personas mayores, adaptando el aprendizaje a las posibilidades reales de cada uno.
—¿Se puede empezar a jugar al golf de grande?
—Totalmente. He tenido alumnos de 70, 80 años. Gente que nunca había jugado y siempre lo tenía como una materia pendiente. El secreto es adaptar la enseñanza. Yo observo a la persona, veo qué puede hacer, si tiene alguna limitación física, y desde ahí la encamino para que lo disfrute.
Su método se apoya menos en la corrección técnica obsesiva y más en la experiencia. No cree en imponer un swing ideal, sino en encontrar una forma posible y placentera de jugar.
—¿Qué lugar ocupa el entorno en el golf?
—Es fundamental. El golfista llega al club y ya entra en otro ritmo. Se pone los zapatos, pisa el pasto, mira el entorno. Deja el teléfono. Son cuatro o cinco horas en las que la cabeza está en otra cosa. Eso, hoy, es muy valioso.
La charla también se detiene en la formación de los más chicos y en el rol de las escuelitas de golf, que en la zona cumplen una función social y deportiva clave.
—¿Qué aporta el golf en la infancia?
—Valores. Conducta, honestidad, respeto. En el golf no podés mentir. Si el profesor es bueno, eso se inculca desde chico. Aprenden a manejar el enojo, a respetar reglas, a convivir. No importa la clase social: hay chicos para los que el golf es y otros para los que no, como en cualquier deporte.
Antes de cerrar, Röhrdanz deja una reflexión personal sobre lo que el golf le dio a lo largo de su vida.
—¿Qué significa hoy el golf para vos?
—Me dio muchas satisfacciones. Conocí gente que nunca hubiera conocido de otra manera, me abrió puertas y me permitió formar vínculos. Es un deporte difícil, pero muy disfrutable. Yo sigo activo en muchas cosas, pero el golf es donde más me enfoqué, porque me gusta jugar y me gusta enseñar.
La charla termina sin apuro, con el campo siempre presente. Como el golf mismo, la conversación avanza sin estridencias, sostenida por el tiempo, la experiencia y una pasión que, lejos de agotarse, sigue encontrando nuevos recorridos.

Décadas de experiencia en el green: Máximo Röhrdanz vuelca su trayectoria profesional en la enseñanza de golf en La Barra.

Pasión por enseñar: Máximo Röhrdanz en plena clase, compartiendo los valores y secretos del deporte que marcó su vida.
Una mañana de golf en La Barra
Un recorrido visual por el green, donde la arquitectura del campo y el silencio de la mañana definen la experiencia de juego.
—¿Se puede empezar a jugar al golf de grande?
—Totalmente. He tenido alumnos de 70, 80 años. Gente que nunca había jugado y siempre lo tenía como una materia pendiente. El secreto es adaptar la enseñanza. Yo observo a la persona, veo qué puede hacer, si tiene alguna limitación física, y desde ahí la encamino para que lo disfrute.
Su método se apoya menos en la corrección técnica obsesiva y más en la experiencia. No cree en imponer un swing ideal, sino en encontrar una forma posible y placentera de jugar.
—¿Qué lugar ocupa el entorno en el golf?
—Es fundamental. El golfista llega al club y ya entra en otro ritmo. Se pone los zapatos, pisa el pasto, mira el entorno. Deja el teléfono. Son cuatro o cinco horas en las que la cabeza está en otra cosa. Eso, hoy, es muy valioso.
La charla también se detiene en la formación de los más chicos y en el rol de las escuelitas de golf, que en la zona cumplen una función social y deportiva clave.
—¿Qué aporta el golf en la infancia?
—Valores. Conducta, honestidad, respeto. En el golf no podés mentir. Si el profesor es bueno, eso se inculca desde chico. Aprenden a manejar el enojo, a respetar reglas, a convivir. No importa la clase social: hay chicos para los que el golf es y otros para los que no, como en cualquier deporte.
Antes de cerrar, Röhrdanz deja una reflexión personal sobre lo que el golf le dio a lo largo de su vida.
—¿Qué significa hoy el golf para vos?
—Me dio muchas satisfacciones. Conocí gente que nunca hubiera conocido de otra manera, me abrió puertas y me permitió formar vínculos. Es un deporte difícil, pero muy disfrutable. Yo sigo activo en muchas cosas, pero el golf es donde más me enfoqué, porque me gusta jugar y me gusta enseñar.
La charla termina sin apuro, con el campo siempre presente. Como el golf mismo, la conversación avanza sin estridencias, sostenida por el tiempo, la experiencia y una pasión que, lejos de agotarse, sigue encontrando nuevos recorridos.
Ubicación y acceso
La Barra Golf Club se encuentra sobre el Camino del Golf y se puede acceder desde la Ruta 104 o desde el Camino del Cerro Eguzquiza.
Consultas para tomar clases de golf
Puedes ponerte en contacto con Máximo vía Instagram o Whatsapp +598-094-125-782




















