Nieto de uno de los fundadores del automovilismo clásico argentino, Nicolás Dellepiane dirige en Punta del Este el O.S.R.C (Old School Racing Club), un club privado de 35 socios con reuniones semanales y una pista de tierra para carreras nocturnas. También organiza el Toda Flor Classic y restaura autos en su taller privado, ubicado en una zona de chacras sobre el Camino Eguzquiza.
En Modo Punta seguimos entrevistando a referentes de distintos ámbitos de la Costa Este. Como tenemos un interés especial por los automóviles, quisimos conocer a Nicolás Dellepiane, una voz de peso en el mundo de los autos clásicos y la restauración.
Su vínculo con el automovilismo es de origen familiar. Su abuelo, también llamado Nicolás Dellepiane, fundó en 1948, junto a su tío abuelo Roberto «Bitito» Mieres, el C.A.S (Club de Automóviles Sport de Argentina) y, en 1967, el C.A.C. (Club de Automóviles Clásicos). Mieres, hermano de su abuela, corrió en Fórmula 1 para Maserati en los años 50, además de competir para Porsche, Gordini y Volvo. Su padre, Ito Dellepiane, corría los fines de semana en circuitos como el Gálvez, el Mouras y Villa, y Nicolás lo acompañaba desde chico.
«La pasión te la pone la primera vez que ves un auto que te llama la atención», resume.
Los orígenes: fotos históricas del archivo de Nicolás Dellepiane
De la arquitectura a la mecánica
Su abuelo y su padre eran arquitectos, y esa fue su primera opción. Al terminar la secundaria cambió de rumbo: cursó dos años de Ingeniería Mecánica en Argentina, tomó cursos en el Instituto Tecnológico de Motores (ITM) y se incorporó a Pur Sang, la fábrica de Jorge Anadón en Paraná especializada en réplicas de Bugatti. Allí, cuenta, el automovilismo pasó a ocupar toda su actividad profesional. Hoy esa trayectoria se traduce en su trabajo en la construcción de autos sport y el mantenimiento de autos clásicos.
Un club con espíritu de carrera
El Racing Club nació a mediados de 2012. Hasta entonces, la ciudad contaba con el Sporting Classic Car Club, activo desde los años 90, que dejó de funcionar al quedarse sin sede. Dellepiane propuso a su padre crear una institución nueva, con el modelo de los primeros clubes argentinos: carreras en pueblos, plazas cerradas al tránsito y pruebas de habilidad conductiva. «Acá solo se hacía regularidad», señala.
Hoy el club reúne a 35 socios, se junta todos los jueves, organiza tres eventos importantes por año y cuenta con una pista de tierra donde se corre de noche.
El ingreso funciona por invitación. Un socio presenta al candidato en una de las reuniones, el aspirante asiste algunas veces y, si hay afinidad con el grupo, recibe la solicitud formal. El criterio de admisión prioriza el perfil personal por sobre el vehículo, que puede ser un clásico, un deportivo moderno o un auto de preguerra. La única excepción es Miguel Frenkel, de más de 80 años, amigo de la familia y socio sin auto.
Entre las unidades del club hay un Lancia Aurelia B20, un Maserati Monofaro, un Lotus Seven, Mustangs y Jaguars. La historia más singular es la del Bristol que el socio Orlando Radi trajo desde Paraguay: había pertenecido al abuelo de Dellepiane, que lo usaba a diario.
Toda Flor Classic
Por separado del club, Dellepiane organiza junto a Máximo Baccanelli el Toda Flor Classic, que va por su séptima edición. Se realiza el primer fin de semana de enero y es un concurso de elegancia de una jornada. Un jurado evalúa por categoría, y una prueba de habilidad conductiva en tierra otorga puntos adicionales a quienes participan.
Los autos de hasta el año 2000 compiten en cuatro categorías: preguerra, 1940–1960, 1961–1980 y 1981–2000. Los modelos posteriores pueden exhibirse, pero no compiten por premios.
Por qué Punta del Este
Dellepiane ubica la ventaja de la zona fuera del circuito de verano. Según explica, en temporada alta la ciudad se congestiona, pero a pocos kilómetros hacia el interior hay rutas en buen estado, con poco tráfico y escasos controles. Lo compara con la Car Week de Monterrey, a la que asistió hace poco: allí, dice, el tránsito masivo y los controles estrictos limitan el disfrute.
El taller
Al terminar la entrevista, Dellepiane llevó al equipo de Modo Punta a su taller, un poco más arriba en la misma chacra. Allí se reconstruyen autos clásicos, muchos de ellos piezas únicas. Para un aficionado, es un lugar difícil de igualar. El trabajo se reparte en espacios separados y distintos vehículos avanzan en simultáneo. Dellepiane recorre cada sector y consulta el avance con los mecánicos de su equipo.
Dentro del taller: autos en restauración y el equipo que los reconstruye
La trayectoria de Dellepiane muestra cómo una tradición familiar puede transformarse en un espacio de encuentro para una comunidad con un interés compartido. Agradecemos a Nicolás por recibirnos en su casa y en su taller.
La actividad del club, de su taller y de los eventos se puede seguir en Instagram:
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