La paisajista Julieta Riverti abrió en La Barra Vivero Salvaje, un vivero con cafetería pensado como un jardín: plantas nativas, diseño y una propuesta cultural en un predio que funciona como plaza.
Un vivero pensado desde el estudio de paisaje
Julieta Riverti es paisajista y, desde hace poco, también viverista. Junto a su pareja, Daniel Puig, abrió en La Barra un emprendimiento que combina dos formatos: Vivero Salvaje, la parte vegetal, y la cafetería Yuyo Café, propiedad de Puig. El vivero nace de Estación Salvaje, el estudio de paisajismo que Riverti cofundó, y por eso se organiza como un jardín y no como un local de venta tradicional.
“El vivero está pensado desde un estudio de paisaje, por lo que tiene un trasfondo distinto a un vivero normal”, explica. La cafetería, agrega, siempre se concibió como parte de la misma idea, con una propuesta cultural bastante importante.
Por qué La Barra
La búsqueda se limitó a La Barra o Manantiales. Julieta se crió en la zona y recuerda un lugar casi deshabitado: “Antes no pasaba ni el viento, no vivía nadie”. Después de la pandemia llegaron nuevos residentes y el movimiento se volvió constante durante todo el año, con bastante gente joven y un flujo a cualquier hora del día.
El predio, que miraba desde hacía tiempo, es grande, está en el centro de La Barra y funciona como una plaza. Un muro en el fondo lo protege del viento sur, un dato decisivo para un vivero, y el frente norte está abierto, sin edificios, por lo que recibe sol todo el año.
Qué se encuentra en Vivero Salvaje
La oferta incluye plantas nativas y exóticas no invasoras, macetas, herramientas de jardinería, indumentaria y cuadros de artistas, además de libros de autores vinculados a la temática y semillas. También hay asesoramiento técnico sobre qué plantar según el entorno (sombra, arena o viento), con la idea de “armar conjuntos que funcionen bien a largo plazo”.
Cuándo sumar al paisajista a una obra
Para Riverti, hay un paisajista para cada proyecto: en Punta del Este conviven hoy varias generaciones de profesionales, con costos, honorarios y corrientes muy distintos. Sostiene que contratarlo reduce gastos a mediano plazo. “Contratar un paisajista te ahorra dinero a futuro”, afirma. Sin ese asesoramiento, explica, se compran plantas sin saber si corresponden al lugar, si están bien ubicadas o si van a competir entre sí, y con el tiempo se mueren y hay que reponerlas.
Armar un jardín, aclara, no se limita a plantar: implica trazado, movimiento de suelo, drenajes, estudio de vientos y circulaciones. El paisajista puede intervenir solo en el diseño, en el asesoramiento de vientos o en un proyecto completo llave en mano, según el presupuesto y el grado de involucramiento del propietario.
También cambió el momento en que se lo convoca. Aunque todavía hay quienes lo llaman a último momento, el estudio trabaja cada vez más desde el anteproyecto junto con los arquitectos. “Se piensa la casa y el paisaje bajo un mismo lenguaje”, resume, y lo interpreta como señal de que las casas se proyectan más abiertas al exterior y conectadas con el entorno.
Jardines de Estación Salvaje
Proyectos de paisajismo con flora nativa en la costa este, en fotografías de Kiki Boffano.
El jardín y el valor de una propiedad
Consultada sobre si el paisajismo valoriza un inmueble, la respuesta es directa: “Sin duda. Una propiedad que cuenta con un jardín diseñado sube muchísimo su valor”. Según Riverti, cambia la experiencia y la calidad de vida de quien la habita, la alquila o la compra.
El estudio trabaja actualmente en una casa de Laguna Escondida diseñada para la venta, donde el jardín estuvo contemplado desde el anteproyecto. “Invertir en el jardín no es un gasto en absoluto; viste a la arquitectura y completa el proyecto”, concluye.
Del césped a la flora nativa
La paisajista describe un cambio de mirada en la región. Los jardines tradicionales de Punta del Este eran grandes lomas de césped con plantas exóticas ajenas al lugar. Hoy, los paisajistas buscan recomponer el paisaje original: en la costa trabajan directamente sobre la arena con especies propias de ese ecosistema, y en las chacras usan árboles nativos para recuperar el monte o el pastizal. Los pastizales y la flora nativa, agrega, reducen el mantenimiento.
Para Riverti, la diferencia entre un terreno sin intervenir y uno diseñado es total. “El jardín es el vestido de la novia”, dice. Un jardín pensado amplía la casa con espacios para recorrer, zonas de frutales y floraciones en distintas épocas del año, y devuelve la posibilidad de oler un aroma, escuchar las hojas en otoño o ver los troncos en invierno.
Cómo visitar Vivero Salvaje y contactar a Julieta
El vivero y la cafetería están en La Meditación entre Los Silencios y Las Estrellas, La Barra, Maldonado. En primavera y verano abren de lunes a lunes, de 10:00 a 18:00 hs. Para conocer los proyectos del estudio y las novedades del vivero, se puede seguir a @estacion.salvaje (Estudio) y a @vivero.salvaje (Vivero), o escribir directamente a Julieta Riverti vía e-mail estudio@estacionsalvaje.com .
Modo Punta agradece a Julieta Riverti por abrir las puertas del vivero y por compartir una mirada del paisajismo que vuelve a poner la flora nativa en el centro del jardín. Si tenés un negocio en la costa este y querés contar tu historia, escribinos a info@modopunta.com.
Fotografías nota: VuelaVuela.tv















