Elegir Punta del Este por su calidad de vida resuelve el dónde, pero no cómo se vive el cambio. La psicóloga Marisa Krasnoff, con 28 años de experiencia clínica, explica qué ocurre después de la mudanza y cómo acompañar a la pareja, a los hijos y a la nueva red de vínculos.
Una decisión deseada que igual despierta contradicciones
Marisa Krasnoff es licenciada en Psicología por la Universidad de Buenos Aires, egresada en 1998, y acumula 28 años de experiencia clínica. Acompañó a personas y familias en separaciones, duelos, crisis personales y decisiones que obligan a reorganizar la vida cotidiana. Entre sus pacientes hubo quienes querían emigrar o ya habían resuelto establecerse en otro país, y de ese trabajo surgió el Programa de Acompañamiento Psicológico Familiar en Procesos Migratorios.
“Incluso cuando una decisión es deseada y está muy bien pensada, puede despertar emociones contradictorias. La ilusión de comenzar una nueva etapa convive muchas veces con la incertidumbre, los temores y la tristeza por aquello que se deja atrás.”
Para Krasnoff, quienes se instalan en Punta del Este en busca de una mejor calidad de vida resuelven primero lo concreto: la vivienda, la escolaridad de los hijos y los aspectos administrativos. Después empieza otro proceso, el de construir una nueva cotidianeidad, establecer vínculos y sentir el lugar como propio.
El entorno no resuelve lo que se trae puesto
Muchas personas llegan a la costa este atraídas por la tranquilidad y esperan que el cambio de entorno ordene tensiones previas. La psicóloga advierte que eso no ocurre de forma automática: las dificultades personales, de pareja o familiares siguen presentes, y las exigencias de una mudanza internacional pueden intensificarlas.
“Podemos estar felices con la decisión que tomamos y, al mismo tiempo, extrañar nuestra vida anterior, sentir incertidumbre o atravesar momentos difíciles. Una cosa no invalida la otra.”
La adaptación, explica, comienza antes de la mudanza y continúa después de la instalación, y no todos la atraviesan al mismo ritmo. Su distinción es precisa: elegir un lugar es una decisión; sentirlo hogar es una construcción que lleva tiempo.
El duelo migratorio: lo que queda fuera de la lista de tareas
Durante los preparativos, la energía se concentra en lo logístico, lo económico y lo legal. En segundo plano queda lo que se deja: no solo a familiares y amigos, sino también los espacios conocidos, las costumbres y esa familiaridad que permite moverse sin pensar en cada cosa. También pueden modificarse aspectos de la identidad, como una trayectoria laboral consolidada, un lugar reconocido en la comunidad o una red de relaciones.
La psicología llama a esas pérdidas y transformaciones duelo migratorio. Krasnoff aclara que no implica arrepentimiento ni que la decisión haya sido equivocada.
“Adaptarse no significa dejar de extrañar, sino aprender a integrar lo que dejamos atrás con la nueva vida que estamos construyendo.”
Pareja e hijos: emigrar juntos no es adaptarse juntos
La decisión de mudarse es, subraya la psicóloga, una decisión de los adultos. Los hijos pueden participar de las conversaciones y conviene escucharlos, pero no todos los integrantes de una familia desean el cambio de la misma manera. En algunas parejas ambos comparten el proyecto; en otras, la mudanza nace de una oportunidad laboral de uno, mientras el otro acompaña y deja atrás su trabajo, sus vínculos o una vida con la que estaba conforme. Esas diferencias generan tensiones cuando aparecen nuevas responsabilidades y cambios de roles.
“Es importante que cada uno pueda expresar cómo está viviendo el proceso, sin dar por sentado que ambos sienten lo mismo.”
Con los hijos ocurre algo similar: un niño puede adaptarse rápido a su nueva escuela mientras otro extraña a sus amigos y sus actividades. En los adolescentes pesan especialmente los vínculos con sus pares y el sentido de pertenencia. Las señales a observar son cambios significativos en el comportamiento habitual:
- irritabilidad y aislamiento;
- tristeza persistente;
- alteraciones del sueño;
- dificultades escolares;
- pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban.
Krasnoff precisa que no toda tristeza o enojo es un problema psicológico, ya que durante la adaptación es esperable que aparezcan emociones difíciles. Lo que importa es su intensidad, su duración y cuánto interfieren en la vida cotidiana.
Reconstruir la red de apoyo
Los vínculos de origen no necesariamente se pierden, pero se transforman. Se puede seguir hablando con amigos, padres y hermanos, aunque ya no haya un café espontáneo ni presencia física cuando se la necesita. Las nuevas redes pueden surgir del trabajo, de los vecinos, de las familias de la escuela, de actividades compartidas o del encuentro con otras personas que también migraron.
“Las redes no se construyen automáticamente. Requieren tiempo, participación y también cierta disposición de nuestra parte para generar oportunidades de encuentro.”
Según la psicóloga, Punta del Este ofrece espacios de encuentro entre personas de distintas procedencias que pueden favorecer el sentido de pertenencia. El objetivo no es reemplazar a quienes quedaron en el país de origen, sino reorganizar esos vínculos y construir una red propia en el lugar donde empieza la nueva etapa.
Cómo funciona el programa
El programa está dirigido a adultos y familias que proyectan una migración, atraviesan una mudanza internacional o se adaptan a su nueva vida en otro país. Los encuentros son online, en español, individuales o de orientación familiar, y contemplan las tres etapas del proceso: las dificultades que aparecen antes de emigrar, durante la instalación y después, cuando la familia construye su cotidianeidad. No todas las personas necesitan la misma cantidad de encuentros: en algunos casos alcanza con un acompañamiento puntual y en otros se trabaja con mayor continuidad, siempre con confidencialidad profesional.
Krasnoff atiende online desde Argentina. Además de familias que migran por su cuenta, el programa está pensado para empresas de relocalización, como complemento de los servicios que ya ofrecen en trámites migratorios, vivienda, mudanzas y escolaridad.
Un primer paso para quien acaba de llegar
“Lo primero que le diría es que vaya paso a paso.”
Su recomendación es identificar qué resulta difícil, qué se necesita y cuáles son las prioridades, sin pretender resolver todo al mismo tiempo. Y recuerda que el objetivo va más allá de la llegada.
“No se trata solamente de llegar al lugar que elegimos para vivir, sino también de poder adaptarnos, construir una nueva cotidianeidad y disfrutar de esa vida que tanto deseamos.”
Para otros aspectos de la radicación, la nota sobre residencia fiscal en Uruguay detalla qué dice la DGI.
¿Tenés consultas? Quienes estén por mudarse, acaben de llegar o acompañen a una familia en ese proceso pueden conocer el programa y ponerse en contacto con Marisa Krasnoff en psicologiaymigracion.pages.dev. Su ficha también está en la Guía de Servicios de Modo Punta.
¿Ofrecés un servicio pensado para quienes eligen la costa este para vivir? Escribinos a info@modopunta.com y sumalo a la Guía de Modo Punta.