Vivir todo el año en una casa pensada para el verano: qué cambia

Punta del Este dejó de ser sólo para la temporada. Muchas de sus casas todavía no. Primera nota de una serie sobre cómo lograr que vivir todo el año al lado del mar sea tan placentero como lo imaginamos.

Vivir todo el año en una casa pensada para el verano: qué cambia

Por Julia Garay, fundadora y directora creativa de Monoccino Design Hub

Vivo en Punta del Este hace más de quince años, lo que acá todavía me deja del lado de los residentes «nuevos», aunque para los más nuevos ya somos de los viejos. Escribo desde esa experiencia y también desde el oficio: hay cosas que ya sabía por mi profesión y otras que aprendí acá, porque son propias del lugar.

Durante décadas, la casa de Punta del Este se pensó para abrirse en diciembre y cerrarse en marzo. Miraba hacia afuera y, en el mejor de los casos, al mar: la galería, la parrilla, la piscina. El interior era un lugar de paso entre la playa y la cena, y se resolvía con esa lógica: poco, liviano, a veces con lo que sobraba de la casa de la ciudad.

Eso cambió. Entre los dos últimos censos, Maldonado sumó unos 41.000 habitantes, según datos del Censo 2023 del INE, y figura entre los departamentos que más crecieron. Hoy hay colegios, servicios y trabajo durante los doce meses.

Las casas, en cambio, siguen siendo en buena parte las mismas. Quien se radica alquila o compra una casa pensada para enero y la habita en julio. La casa no tiene un defecto: se hizo para otro uso. Hay que adaptarla, y conviene saber cómo antes de gastar y de entrar en procesos que pueden ser muy frustrantes.

La dificultad es que solemos juzgar una casa de dos maneras, y ninguna dice cómo se vive en ella. La primera es la foto: cómo se ve. La segunda es el metro cuadrado: cuánto costó o cuánto vale. Las dos sirven, y las dos dejan afuera lo que vas a notar el primer invierno.

En esta serie voy a recorrer cuatro temas, uno por nota.

  • Cómo funciona. Frío, viento, luz y comodidad: qué revisar para que la casa sirva todo el año y en qué orden intervenir.
  • Cómo se ve. La estética de casa de playa es una imagen de verano. Qué elegir para que algo lindo también funcione, y cómo distinguir lo que es moda de lo que es tuyo.
  • Cuánto vale. Qué mirar al comprar o construir más allá de las fotos, y por qué el interior es parte de la inversión.
  • Quién lo resuelve. Cuándo conviene sumar a un arquitecto o interiorista, qué pedirle y cómo saber si es el adecuado para vos.

No hace falta hacer todo junto. Alcanza con saber qué mirar y en qué orden.

Una casa se juzga por cómo se vive. De eso se trata lo que sigue.

Parte 1. Tu primer año en Punta del Este: frío, viento, luz y confort en casa

Las casas de la costa se pensaron para enero. Si te quedás todo el año, hay cosas que conviene resolver antes de julio.

Mi primer invierno acá lo pasé en una casa de ensueño frente al mar. Tenía la particularidad de que las toallas del baño nunca llegaban a secarse, y ni hablar de los manchones de hongos verdes que aparecieron en mis botitas de gamuza. La estufa James con rueditas iba conmigo por toda la casa.

Con los años vi a mucha gente acostumbrarse a cosas así y tomarlas como el precio de vivir cerca del mar. La verdad es que casi todo tiene arreglo.

Cuando entro a una casa, antes de mirar nada pregunto cómo viven. Quién trabaja ahí y cuántas horas, si hay chicos, si reciben gente seguido, dónde pasan la tarde, qué actividades hacen. La casa de temporada se usa dos meses y siempre igual. La permanente tiene que servir un martes de agosto con lluvia y también en enero, cuando caen la familia y los amigos todos juntos, y eso cambia bastante lo que conviene hacer.

El sol, que es gratis

Nada como que te dé el sol en invierno; no conozco sistema de calefacción que lo iguale. El problema es que acá las casas buscan el mar, y mirar al mar muchas veces es darle la espalda al norte, que es de donde viene ese sol. Si todavía estás eligiendo casa, fijate en eso antes que en cualquier otra cosa. Si ya la tenés, tratá de llevar la vida de todos los días a los ambientes que reciben sol, aunque no sean los que el plano llamaba living.

Después viene el frío propiamente dicho, que casi siempre se explica por lo mismo: ventanales enormes de vidrio simple, techos y muros sin aislación y un aire acondicionado haciendo de calefacción. Sumale la humedad, que acá se siente tanto como la temperatura y es la que deja las toallas mojadas y los hongos en el placard. Se trabaja con ventilación (un extractor en el baño hace más de lo que parece pero una ventana correctamente orientada suele ser más efectiva) y con calefacción pareja en lugar de golpes de calor.

Lo que recomiendo es ir en orden. Primero ver por dónde se escapa el calor (carpinterías, burletes, vidrio doble donde se justifique, aislación en el techo) y recién después elegir con qué calefaccionar, porque sumar estufas a una casa que pierde calor es pagar más para seguir con frío. Mi James y yo podemos dar fe.

El viento también vive acá

En verano el tema es otro. Antes que en equipos conviene pensar en buena ventilación, pero contando con el viento, que acá convierte una sombrilla en un manojo de hierros retorcidos y te destroza una cortina si dejaste la ventana abierta. Las cortinas y la sombra se eligen sabiendo eso.

Y ya que hablo de cortinas: nuestras casas tienen muchísimos metros de vidrio y, culturalmente, les damos poca importancia. Son un componente tan importante como cualquier otro, así que les voy a dedicar parte de la próxima nota.

Cuando oscurece a las seis

En enero hay claridad hasta casi las nueve. En junio a las seis ya es de noche, y la casa pasa a depender de su luz artificial justo a la hora en que más la usás. Si viene toda del techo y es fría, no dan ganas de quedarse. Funciona mejor repartirla en varias fuentes bajas, una lámpara de pie, una de mesa, algún aplique, con luz cálida y que se pueda regular. Casi nunca hace falta más potencia, y como la energía acá no es barata, prefiero luminarias buenas y eficientes, puestas donde realmente se usan, antes que muchas por las dudas.

Con la tecnología me pasa algo parecido. Hoy hay de todo, automatización, motores, climatización inteligente, y que exista no quiere decir que la necesites. Mal elegida termina siendo más un problema que una solución: queda en desuso rápido, y en una casa cerca del mar o cerrada parte del año se arruina antes de lo que uno espera. Todos los productos tienen sus virtudes y quien los vende las conoce de memoria; lo que no puede saber es cómo vivís vos. Para eso sirve un profesional comprometido con el resultado, que parta de tu forma de vivir y te recomiende lo que te sirve, aunque sea menos.

Los muebles y lo que el verano no pedía

Un sofá cansa por cosas muy concretas, como la profundidad del asiento, la altura del respaldo o la firmeza del relleno. Una silla de comedor funciona cuando entre el asiento y la tapa de la mesa hay unos 30 centímetros. Antes de comprar, sentate un buen rato, el tiempo que de verdad vas a pasar ahí.

Hay además cosas que una casa de verano nunca necesitó. Un lugar para trabajar que no sea la mesa del comedor, guardado para ropa de cuatro estaciones, un ingreso donde dejar abrigos y calzado mojado, pero también donde dejar tablas y toallas. No lucen en ninguna foto y de ellas depende que la casa funcione.

Acá, tarde o temprano, todos hacemos obra. Y el error más común es pensar primero en la cáscara y después ver qué muebles entran. Un sofá se elige distinto si es para ver televisión, para recibir visitas o para contemplar el horizonte, y según eso cambia dónde va, hacia dónde mira y hasta dónde conviene abrir la ventana. Lo mismo pasa con un toma o con una lámpara, que dependen de dónde te vas a sentar a leer. La arquitectura no se puede pensar aislada del uso, y el uso depende de un interior bien pensado y bien ejecutado.

Por eso los muebles se definen junto con la obra, aunque lleguen al final. Y conviene contar con los plazos, porque acá buena parte de lo que se vende viene de afuera y tarda.

Si en tu casa hace frío, los muebles incomodan o la luz de noche no alcanza, la casa no está terminada. Con paciencia y la ayuda adecuada, tiene arreglo.

Julia Garay es fundadora y directora creativa de Monoccino Design Hub.

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